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Cómo hablar de comida con tus hijos en época decembrina y sin transmitir culpa.

  • Mariana Ríos
  • 15 dic 2025
  • 2 Min. de lectura

La temporada navideña está llena de colores, sabores y momentos especiales. Pero también está llena de frases, comentarios y reglas sobre la comida que muchas veces repetimos sin querer… y que pueden dejar una huella profunda en cómo los niños se relacionan con su cuerpo y con la alimentación.


Diciembre, con todas sus comidas y reuniones,

es un mes perfecto para practicar una conversación

más amable y educativa alrededor de la mesa.


En lugar de verlo como una temporada “peligrosa” para los hábitos, podemos verlo como una oportunidad para enseñar presencia, curiosidad y libertad responsable. Los niños aprenden observando: cuando ven a los adultos disfrutar sin culpa, comer con calma y tratar al cuerpo con respeto, ellos integran ese lenguaje de forma natural.


Cambia frases de presión por frases de curiosidad.


Los clásicos “pórtate bien con la comida”, “primero lo salado, luego lo dulce” o “si comes más te vas a enfermar” no enseñan a escuchar el cuerpo; enseñan a complacer al adulto.


En su lugar, puedes probar frases como:


“¿Qué se te antoja más en tu plato?”

“¿Cómo sabe eso? ¿Dulce, suave, crujiente?”

“¿Sientes tu pancita llena o todavía tienes espacio?”


Así les ayudas a ponerle nombre a sus señales internas, que es justo lo que queremos que desarrollen.


Permite que exploren los sabores navideños sin miedo.


Diciembre está lleno de alimentos especiales que solo aparecen una vez al año. En vez de restringirlos, podemos invitar a los niños a probar, oler, mezclar, comparar. Esa libertad les ayuda a expandir su paladar y a quitarle el “poder” a los alimentos que suelen verse como “prohibidos”.


Explorar no es comer sin límites; es aprender desde la experiencia. Cuando ellos sienten confianza en su cuerpo, naturalmente encuentran su ritmo.


Hazlos parte de la cocina y de las decisiones.


Si un niño ayuda a colocar la mesa, lavar la fruta, mezclar el ponche o elegir la forma de decorar unas galletas, su relación con la comida cambia. Deja de ser una tarea que se “debe” hacer para convertirse en un espacio de conexión familiar. Además, cuando participan, están más abiertos a probar.


Puedes hacer pequeños rituales: elegir juntos un ingrediente “estrella” de la semana, preparar una ensalada navideña sencilla o dejar que ellos sirvan su propia porción.


Usa un lenguaje neutral sobre los cuerpos y las porciones.


Evita comentarios como “te va a engordar”, “eso es malo” o “te sirves mucho”. En su lugar, prueba expresiones que informan sin juzgar:


“Ese alimento te dará energía para jugar.”

“Si ya sientes tu pancita llena, puedes dejarlo para después.”

“Todos los cuerpos necesitan cosas diferentes.”


Esto les enseña a confiar en sí mismos y a entender que comer no se trata de castigos o premios.


Recuerda que la relación con la comida también se hereda.


Más que los platillos que prepares esta Navidad, lo que tus hijos recordarán es cómo se sintió la mesa: si hubo calma, si hubo risas, si pudieron disfrutar sin miedo. Cada comida familiar es una oportunidad de sembrar una relación más sana con la comida para ellos y también para ti.


El objetivo no es que coman “perfecto”,

sino que aprendan a escuchar, elegir y disfrutar.

Diciembre es un hermoso momento para practicarlo.


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