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Cuando la báscula habla más de lo que sabe...

  • Mariana Ríos
  • 12 feb
  • 2 Min. de lectura

Durante mucho tiempo nos enseñaron que la báscula era la forma más confiable de saber si estábamos “bien” o “mal” con nuestra salud. Como si ese número que sube o baja tuviera el poder de definir nuestro esfuerzo, nuestro avance e incluso nuestro valor... Y sin darnos cuenta, terminamos dejando que ese número pese más que todo lo demás.


Pero la realidad es otra, la báscula es un instrumento muy limitado para contar una historia tan compleja como la de un cuerpo humano. La báscula solo mide kilos. No mide cómo te sientes al despertar, si tienes energía para tu día, si duermes mejor o si tu relación con la comida se ha vuelto más tranquila. Tampoco sabe si estás atravesando una etapa difícil, si estás cansada, estresada o si tu cuerpo simplemente está adaptándose. Aun así, muchas veces le damos más autoridad que a las señales reales de nuestro propio cuerpo.


El peso corporal no es algo fijo ni estable. Cambia constantemente, incluso cuando estás haciendo hábitos que te cuidan. Puede variar por el ciclo menstrual, por retención de líquidos, por inflamación, por cambios hormonales, por estrés o por descanso. Estos cambios no significan retroceso ni fracaso; significan que tu cuerpo está vivo y respondiendo a lo que ocurre dentro y fuera de él. Pretender que el peso no cambie es pedirle al cuerpo que deje de adaptarse.


Cuando el foco está únicamente en la báscula, se pierde de vista lo realmente importante. Tal vez ahora tienes más energía durante el día, duermes más profundo o te despiertas con menos cansancio. Quizá te sientes más fuerte, te mueves con mayor facilidad o cargas más peso en tus actividades diarias. A lo mejor comes con menos culpa, reconoces mejor tu hambre y saciedad, o tu estado de ánimo es más estable. Incluso puede que tu ropa se sienta distinta, no porque tu cuerpo tenga que encajar en ella, sino porque tú la habitas con más calma. Ninguna de estas señales se refleja en un número, pero todas hablan de salud.


El problema no es pesarse de vez en cuando. El problema aparece cuando ese número se convierte en juez. Cuando decide si el día fue bueno o malo, si mereces comer, si sigues o abandonas.


En ese punto, dejamos de escucharnos y empezamos a obedecer a un objeto que no conoce nuestra historia ni nuestras necesidades.


Elegir ignorar el número de la báscula no es dejar de cuidarte. Es cambiar el foco hacia señales más completas y más humanas. Es entender que la salud no se resume en kilos, sino que se construye con hábitos sostenibles, descanso suficiente, alimentación que nutre y una relación más amable con el cuerpo.


Tal vez este febrero no se trate de bajar un número, sino de bajar la exigencia. Dejar de vigilar tanto el cuerpo y empezar a escucharlo un poco más.


Porque tu cuerpo no necesita ser controlado;

necesita ser comprendido.



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